21 enero 2008













TESTIMONIALES
SUFRIENDO VERANO
JAZZ EN EL RIOBA
LOS MICHELES


Hoy, un día pasable, casi frio, ahora en semipenumbras, guiski y escuchando a Art Pepeers en “Concierto desde Tokio”. Ahora el Pepper está jeringando con su saxo al “Mambo Koyama”, que no es mambo, es un blue de puta madre y yo agrego agua helada al trago para alargarlo. A veces pienso que el hielo o el agua para enfriar o estirar amariconan al scotch, pero solo es vieja costumbre de chaborras que quieren estirar la noche. El Gato decía que era una costumbre introducida por los ingleses que volvían de la India para diferenciarse con los de la isla. Los de la British East Indian Company…
Como extraño las barras, son como la peluquería o como esos levantes impersonales, solo bragueta, sin conversas de frente, casi hablándole a tu imagen reflejada en los espejos del fondo del botellero y cuando en algún momento mirás los ojos de la nami que tenés al costado es solo para verte reflejado en ellos, (me salió un tanto Oscarcitonarcisitoaputosado -¿agua al guiski, Wilde, me estaré atrolando?-). Es que cuando entrás en esos antros se produce el famoso efecto de la suspensión voluntaria de la incredulidad, se revierten los tiempos, se trastocan los espacios, y todos los acercamientos, conversaciones, acciones, pasan a tener una lógica más de cuento de Lewis Carroll que de realidad-real de boliche. Pero cada tanto cachetazos de realidad, de frente, en la barra se te viene el encargado a reponer la copa o cobrar o despacharte, o para que muevas el culo con un: “La última va por la casa”… Casi no hay diálogos solo cruces de los monólogos esenciales, es la campana de inmersión de los estados alterados y donde vos solo estás con tu placenta (o lo que queda de ella), con sonido de hielos a lo lejos, música-musak que te cae desde el cielo y mucho humo. ¡Oh barras!, ¿Cuando empezaron a morir? Quedan tan pocas… Y las que hay, demasiado iluminadas, ruidosas, mucha música bebop, mucha botellita de angostura, mucha carpetita, mucho copetinero y mucha puta profesional y además muy producidas de puta en ese lugar altar de machos solitarios - desesperados - cazadores… claro para levantar obreritas como dice el tango-ley, tenés que ir a las lecherías a las seis de la matina y como ya sabemos no quedan “Martonas” ni costureritas, solo MacDonals ocupados a la madrugada por viejos jubilados que se intercambian la dentadura postiza para morder la hamburguesa de aserrín de carne ¡Qué lo parió al progreso! “Echenlen” aunque más no sea una cucharada de extracto de carne antes de ponerle la hoja de lechuga hidropónica y la tapa de pan a ese ataúd comestible. Y los viejos de manos parkisonianas en una de las dos tembleques la media hamburguesa, “saludando” a los presentes y en la otra la pajita con la que chupan el café con leche compartido… Me fui al recarajo… como siempre el derrape.
Terminó Peppers, terminó Peterson, se fue por el mismo camino Chet y ahora hace sus floripondios en el piano un Evans del 73, (buena cosecha), grabado en Bs. As. en el Ocean Rex en vivo y comentado en la gráfica por el diario La Opinión (pero aquí en inglish). Lo voy subiendo de volumen a cada rato, mi vecino del séptimo cambió la latosa batería mal tocada (por él) por un ineficaz bajo eléctrico con el que ejecuta mierdosas escalas que rebotan contra las paredes no del aire luz sino de mis bolas. Bajé solo para cambiarle al chino un frasco de ajíes en vinagre vencidos hace cuatro meses y que se deshacían al apoyarlos en el plato contra el ojo de bife. Traté de no hacer mucha bandera, lo envolví en un papel de regalo, lo cerré con cinta de enmascarar pero antes con un marcador rojo le destaqué la fecha y la palabra bromatología. Entré al domerca, se lo puse al lado de la caja y del rarísimo vaso-jarrón con tapa de acrílico donde toma su té. Le hice la señal de silencio con el dedo sobre los labios, como una especie de réplica de la enfermera de los hospitales en versión oso panda. Me miró con desprecio, y con toda la tranquilidad que le da la protección de la Yakuza sobre su espalda me escupió: “Cambie”. Me hice el dolobu paseé entre las góndolas, tomé una manteca, pan, desodorante, algo de fruta en lo del bolita cómplice, y cuando volvía revisé la sección encurtidos: vacía, los dos santiagueños me miraban con cara de cómplices mientras huían con cientos de frascos en los dos carritos de reposición. Tomé un paquete, (si dije un paquete) de aceitunas y me dirigí a la caja, solamente las dos chinitas, una que te cobra y la otra que te empaqueta, el chino agachado me vigilaba desde atrás del canasto del pan cuando intenté explicarle a la cajera de mirada incomprensible que no había ajíes para el canje y que llevaba las aceitunas, el chino gritó algo en su lengua bárbara. De haberlo escuchado el mismo Marco Polo en el Catay hubiera rajado y hoy en día no conoceríamos los fideos… Me cobraron todo lo que llevaba y después cuando me iba me tiraron casi a la cara los 6,50 diciéndome: ¡de lo ají, boludo! Volví cruzando al diariero que no me saluda desde que dejé de comprarle un diario menos todos los días, pero vi cuando pasé junto al quiosco que le decía algo al oído al traba barrial que le estaba devolviendo unos videos pornos. Y ya antes de entrar, de frente se me venía la puta manzanera con un extraño peinado nuevo que acaba de estrenar, abandonando su clásico ¿Afro? Dice que es porque presentó un currículum con foto nueva en una agencia de escorts para extranjeros y que no sería raro que perteneciera a la yakusa y que la controlara Ling con ayuda de los santiagueños, y que los extranjeros fueran los pibes del hostels de enfrente.
Subo corriendo los seis escalones de la entrada, me meto en el ascensor de jaula, llego sudado por la angustia de la persecución asiática, tiro las aceitunas sobre una pila de libros y me siento, en el escritorio, al lado de la notebook, A. me dejó marcado un libro, bah, dos páginas marcadas que arrancó de un libro que era mío; la frase en resaltador color rosa dice “una sociedad constituida sobre la crisis de las tradiciones, sobre un conflicto irresuelto, pues está levantada sobre un crisol de culturas (lo poco que dejaron de las autóctonas, europeas, africanas y orientales) además de (des)estructurada por el modo de producción capitalista mas salvaje, razón por la cual es plausible comprender que el movimiento obrero reaccionará contra el conjunto de la cultura burguesa”… me voy quedando dormido puteando a Houellebecq, a la puta, al traba, al diarero, al chino, a Catay, a los santiagueños, y pensando por qué no le habré leído a A. cuando tenía dos años y la quería hacer dormir, algo de los hermanos Grimm y no ese Foucault que la volvió tan turra… Micheles y las putas que los parieron…
Alejandro

8 Comentarios:

Blogger Diego dice...

Muy buena aventura oriental. Me dieron ganas de vivir donde vivo. No hay mostradores pero hay chinos. Y también tienen su onda, ¿no?


Saludos

10:49 a. m.  
Blogger raulsibechi dice...

No me diga que se conforma con solo tres diarios , cuál suprimiò, ambito, pag, o el país.
Saludos
Raúl.

11:11 a. m.  
Blogger EmmaPeel dice...

Qué quiere que le diga, a mi me gusta con un chorro de agua fría y los yelos se los regalo al de la banquetita de al lado.

El chino en cualquier momento lo secuestra y la próxima lo veo barbudo entre los cantimpalos vencidos dando prueba de vida (quedará alguno maoístas? chekee los cuellos la próxima)

pd. Gracias por la data maestre!

11:51 a. m.  
Blogger jose cambaceres dice...

MUY LINDA LA IMAGEN DEL VIEJITO SALUDANDO CON LA AMBURGUESA SOS UN HDP.
PEPE

2:28 p. m.  
Blogger karla dice...

Vio Don Alejo como el calor nos mata a los viejos (en verso), tendríamos que ir a pasar unos dias al lado del rio en Cafayate...
un beso desde Colonia.

8:52 a. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Uyo y no lo pescaron ?
Dani

4:45 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Uyo? Huyo?
mierda.
Dani

4:46 p. m.  
Anonymous Anónimo dice...

Me gustan las historias pero escribí mas sobre pintura, donde se puede ver la tuya, ¿expones ahora?
Lucy

11:16 a. m.  

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