31 mayo 2007


TESTIMONIAL
DE CUANDO LA FORMA PARECIA MAS IMPORTANTE QUE EL CONTENIDO. FRAGMENTOS. MODERNIDAD Y EL TIEMPO QUE SE VA EN ESPACIOS NO RESUELTOS.
“El espacio se deshace como la arena que se desliza entre los dedos. El tiempo se lo lleva y solo me deja unos cuantos pedazos informes.”
Especies de Espacios. Piezas de Georges Perec. (l/l) del Fragmento número uno.

Fin de semana de feriado. Estoy terminando un trabajo, un mural, pero en piezas, son nueve piezas de 60 x 80. Me produce distintas ideas, la principal es que es un trabajo con “base ideológica” (solo en la forma) en algunos que se hacían -y me gusta mucho la idea- durante los '60 y los '70. De los más recordables, aquel de Jorge de la Vega, (cuyas reproducciones se vendieron hasta como un puzzle de arte en una caja con un gran packanging que comercializó entre otros Romero Brest en su negocio de la Galería del Este: “Caja para Armar”), tamaño chico de un mural que representaba a algunos personajes en onda pop, en blanco y negro, que había mostrado en el Instituto y similar a las vidrieras que había pintado en el “Barbaro” (en el viejo de la calle San Martín, no las nuevas que pintó Noé en el de Tres Sargentos). Hubo muestras con murales durante los primeros setenta en la Art Gallery de la calle Florida y en otras galerías, hechos por artistas como Testa, Seguí, Dermijian, Silva, etc., que llenaban paredes con cuadritos de 25 x 25, formando una unidad pero que también se podían exponer en forma individual, fueron toda una innovación en esos años en que se pasaba de la declaración de la muerte de la pintura a estas formas de acercar a una sociedad en la que una clase nueva emergente -desprendimiento de la clásica clase media argentina- formada por los ejecutivos jóvenes, los profesionales exitosos y cierta burguesía industrial, fogoneada como debía ser por ese peronismo de mediados de los setenta tan influenciado económicamente por Gelbard o Brodner.
En esos años también en la literatura distintos escritores seguían un camino preanunciado por el de Rayuela, pero basados más en combinatorias no ajenas a búsquedas mágicas como el I-Ching, entre ellos las de Italo Calvino en sus “ciudades invisibles”, con elecciones a la manera de un tarot. O los escritos de Perec en sus “Especies de Espacios”, donde nos dice como articular los fragmentos y colocar en relación varios tipos de ellos usando las dos descripciones, la abstracta y la concreta, nociones de las que también se nutre la arquitectura y la urbanística de esos años.
Parece extraño pensar que lo que llamamos ahora arte contemporáneo tiene ya más de 40 años, como dice Félix De Azúa que sitúa su nacimiento aproximadamente en los años '60, su momento clásico en los años setenta y su decadencia (o manierismo) a fines de los '80. En ese momento clásico de los setenta aparecían en los medios gráficos, en revistas especializadas en la ambientación, toda una línea de diseño y decoración donde el cuadro volvía con toda una fuerza decorativa como no había tenido en los últimos años, pasando a ser el centro, y definir el resto de los colores, composiciones, etc. La revista que inició todo esto como en su momento “Primera Plana”, en la literatura y costumbres de los argentinos, fue Claudia, que llego a tener un suplemento que luego se separó con vida propia: ”Claudia Casa”, dirigida por Franca, la actual esposa de Guillermo Roux, (concebida a la manera de las revistas italianas de arquitectura y ambientaciones de los sesenta como Abitare o Arredamento); en CC, los pintores de la época trataban de mostrar su obra pero no en abstracto sino en un living, en un comedor o en un dormitorio. Y mientras los reportajes de la intelectualidad continuaban discutiendo si la pintura había muerto o no, si había sido solo una frase triste de Noé a Primera Plana o si detrás de todo estaba Romero y sus ideas de ese momento de arte aplicado al diseño después del cierre del Instituto o si eran las discusiones de los estudios Heideggerianos sobre el final de la Historia (todavía no se avisoraba en el horizonte a Fukuyama).
Las muestras de esos elementos, murales, dípticos, etc., permitían acercarse a artistas muy jóvenes que venían del pop de los sesenta pero que integraban los espacios baconianos de la “nueva figuración”, con más dibujo, a veces demasiado historietoso, con un reinado del acrílico sobre el óleo y mucho color. El comprador encontraba pintores con gran tendencia a la decoración -en el buen sentido- coloridos estallantes que los diferenciaban de las paletas bajas y “tristes” de la obra clásica y que además se le ofrecían con posibilidad de inversión (toda una onda mundial), las revistas de economía -escasas acá todavía- fogoneaban esa idea. Mercado o cualquiera de ellas ya tenían sección de plástica y de mercado de arte. El futuro inversor que no podía oblar el valor de una gran obra (por el tamaño digo) y que se resistía a las reproducciones compraba esos pequeños cuadros, donde por lo común el nombre del autor era mas significativo que la imagen y que se firmaban a medida que se vendían (como obra mural en exposición solo llevaban solo una). Muchas de esas piezas no tenían gran valor plástico individual, solo “funcionaban” como “enganche” de las más importantes que eran las primeras en venderse. Todo esto demuestra además que muchas veces en el llamado ”Arte con mayúscula”, intervienen elementos totalmente extraños a la facultad del artista para crear en la soledad del taller obras totalmente desprendidas de modas, tendencias o inclinaciones de un momento social.
Marx nos enseñó alguna vez sobre una historia del arte como educación de los sentidos viendo el poder de esta historia y advirtiendo sobre su seducción y sobre su mal uso y especulando sobre su forma de poder. Se juntaban también en esos setenta tendencias decorativas-artísticas muy de moda internacionalmente, como el boom del arte naif o ingenuo que pululaba por todas las revistas, tanto en las publicidades como hasta en la moda con líneas como Sara Kay, pero hubo algo que fue una revolución: el poster: cinematográfico, político, de comics o erótico y que acostumbró a sus poseedores (los más jóvenes) a una nueva estética en decoración que también llevaba nuevamente al cuadro.
En los '80 las revistas de arquitectura y decoración que saturaban nuestro país -ya en onda americana-miami-stile- saturaban con los distintos formatos de cuadros y posibilidades, que aunque habían transitado por la toda la historia del arte desde la aparición del cuadro ventana en el Renacimiento, aparecían ahora repetidamente hasta como marca de ciertos arquitectos o decoradores en sus diseños. Eso hizo llegar a que hoy en día a los pintores nos interese más mostrar la obra en una revista como D&D, que en Arte al Día, la primera una revista de la alta decoración argentina, que muestra que un inversor compró tu obra, la colocó junto a otras exclusivas y hasta pagó a un arquitecto para que le estudiara preponderancia, iluminación, etc. En tanto la otra (especializada) se transformó en una revista de “gremio”, donde pagás tu espacio o lo paga tu galería o representante, para que lo lean tus colegas.
Uno de los pintores más importantes de los '80, del grupo de la Transvanguardia, Francesco Clemente, que junto a Chia y Cucchi, formaron el “grupo de las tres C” (grupo que ”infectó” todos los museos del mundo como dice Robert Hugges) dice que el acto crítico de la modernidad no es el escrito del teórico de arte sobre tu obra sino el del coleccionista que saca la chequera del bolsillo y te la compra... y juro que de eso saben estos chicos que aparecieron a fines de los setenta en esa bienal que a nosotros nos “produjo” pintores como Kuitca, Monzo, Rearte, Prior etc. Capaz que esto fue demasiado para comentar sobre una forma mas que sobre un contenido. Sé por otro lado que me pueden decir que tanto el arte concreto, como otros estilos usaron los módulos, las series, los dípticos, trípticos, etc., pero no en el sentido tan banal-decorativo, (como características de esta época) sino en un sentido más racional o con métodos eurísticos (productos de un resultado de otras formas). A partir de los '80 el concepto de fragmento no sólo se revisa, sino que pasa a acompañar a todas las formas de lo contemporáneo en las distintas teorías: trans-vanguardia, deconstrucción, etc., teorías que aplican la valoración del fragmento potenciando simbólicamente las partes para comunicar la noción de totalidad. La fragmentación es ahora una característica de la modernidad. Algunos autores identifican a la modernidad, como una pluralización, como un “bricollage” dando a entender la posibilidad entre los elementos aislados de la visión del mundo moderno. La unión de estos permitiría la relación entre fragmentos y totalidades con un contenido esencialmente simbólico. Pero dejemos ahora esto que se hizo plomo por lo largo, solo sé que estoy tratando de terminar ese cuadro y saludos al que lo lea...
Alejandro

24 mayo 2007


TESTIMONIAL
"Yo soy una estrella porque salgo de noche"
Federico Manuel Peralta Ramos

Después del último post, con pretensiones culturales por mi parte, prefiero seguir en el boludeo-nádico, como diría el gordo Peralta Ramos si estuviera por acá. Aunque no sé que sería de él teniendo que atravesar estas realidades. Tuvo su tiempo y todo a su tiempo y armoniosamente como diría alguien al que el gordo no quería por conciencia de clase. Eso sí, igual ahora tampoco se moriría de hambre, aunque nunca vendiera nada como en su época, porque ¿qué podía vender?, ¿frases?, ¿ocurrencias? ¿ideas? Tampoco vivía de los bolos en tv, o cantando en algún boliche tipo Mau-Mau o en la vieja galería de Cippola en Florida casi Viamonte. Menos con lo que le dieron por la beca Gugenheim, que se gastó en un toro de raza para que comieran sus amigos un asado que documentó como obra. No, él era de casta, era patricio. Su familia entre otras cosas había fundado Mar del Plata, a la que él después de los '60 quería refundar con el nombre de “Mal de Plata”. Las ocurrencias del “gordo” son muy conocidas como para volver a contarlas, todas eran una especie de “ranada”, a lo Isidoro Cañones. Como cuando llevó a un artista amigo, a su casa -lógico, la casa paterna, donde siempre vivió-, lo sentó a la mesa familiar, rodeado por padres, hermanos y parientes varios y servida por muchos sirvientes. Sin presentarlo, en el momento de comenzar a servir el almuerzo se levantó, pidió la palabra y le anunció al artista que “vería” (sólo vería) como comían los ricos y se retiró, ante el desconcierto -del amigo, ya que la familia ni se inmutó- por supuesto, no le sirvieron ni agua. Otra tampoco tan conocida, fue en una muestra en un sótano de esos que abundaban en los años '60, junto con otro provocador Ithacar Jalil, artista, bombero voluntario, actor que después se convirtió en filósofo anti-ecologista y retomó su apellido también patricio: De la Serna. Con algunos más presentaron una muestra-instalación-perfomance que tenía que ver con la famosa obra “Sin pan y sin trabajo” del Ernesto De La Cárcova; el gordo sólo hizo tres inmensos cartelones (encargados a un letrista) el más grande de casi tres metros y pico decía simplemente: “Laburen Vagos”, a la muestra cayó el conocido crítico y fundador del museo de Arte Moderno, Rafael Squirru, Federico, gran amigo del Rafa, le regaló su obra-cartel, la que deberían transportar caminando hasta la casa del crítico una vez terminada la muestra que duraba un día. Este aceptó, terminó la muestra y una vez envuelta sacaron la obra de la galería, y comenzaron a caminar las seis cuadras del recorrido, a la mitad, cruzando la 9 de Julio y justo donde por obras de ampliación, debían pasar por un pequeño puente, el viento hacía peligrosamente flamear el cartelón, el gordo dando muestras de estar cansado, apoyó el cuadro junto a la zanja y le pidió un momento para acomodarse; cuando Rafael bajó y lo sostuvo, el quía tiró del papel, y se fue corriendo dejándolo solo, sosteniendo el cartel de “laburen vagos” mientras un fotógrafo registraba el acto y veinte obreros reputeaban al Rafa por la pintada...
No sé como siempre, porque salí con esto, quizás porque era una época que el mundo del arte era más fresco, más espontáneo y todo era como una simple broma que podía constituirse en una obra de arte (¿conceptual, dada?). Recién en los '90 se intentó -vanamente- explicar a todos estos seres como Federico que no integraban el circuito comercial de galerías o de museos, pero que estaban ahí. Claro el mercado también era inexistente. No existían las ferias, los mega-eventos. La gente a nivel popular sólo sabía de la existencia de Soldi, Forte o Castagnino, que recorrían los canales de TV, o regalaban sus imágenes en las revistas femeninas en tarjetas de saludos de fin de año, o para el día de la madre. Molina Campos desde los almanaques de Alpargatas era popular en los almacenes y las casas humildes, pero a nadie se le ocurría que pudiera llegar a costar 40.000 dólares en una galería. En un nivel superior, sólo las reproducciones y algún original que decoraban locales u hoteles con toda la legión de pintores del PC, muchos ya en el olvido, Shurjin, Mónaco, Bruzzone, por suerte no paso ni con Berni, ni con Alonso. Ahora parece después de tantos años el mismo mercado inexistente pero con pretensiones. Y las pretensiones que asombran, hoy la nota de la “Copito” en Ambito, donde manifiesta las posibilidades de aprovechar el boom de los mercados y remates internacionales para impulsar nuestra pobre plástica alicaída y depreciada. Me encomiendo a San Roro, patrono de los borrachos para que esta “chica” deje de hacerse buches con ginebra a la mañana (y a la tarde), pero me parece que será un milagro imposible para el pobre santo. Así el resto de los “critícos” y analistas de nuestro mercado que como se dice ahora para justificar... todo “es lo que hay”.
Puede ser que también uno afectado por el moscato con soda libado generosamente la noche anterior en “El Cuartito” lea lo que no está escrito, complete frases no terminadas o sólo sugeridas y apele al conocimiento de los personajes de las noticias o de los escribas de las mismas para modificarlas a su gusto (el mio) y editarlas a la manera de “si no existiera la línea editorial”... o los compromisos con los anunciantes... o los chivos encubiertos... o las notas pagas... o los celos profesionales... etc., etc... Pero es lo que hay. Y la mayoría ha jurado al código de ética del medio al que pertenece adjuntando la claúsula “señor, te pertenezco” (a lo Tato Bores), dicha al dueño-editor o a la junta propietaria.
Vuelvo a la realidad, en la pizzería todo joya, con invitados caídos del “paisito” a quien no veía de hace tiempo, aunque hablamos semanalmente por teléfono. No de la banda de los “turcos”, sino de la contra. Ni ahí, con el bueno de Baremboim, ni juntos ni revueltos, sería el mismo caso: darían mala música. Mucho chisme-chusma para ponerse al día (nada de pintura) realidades, muertes, quiebras, política local (del paisito)... A esta altura de nuestras vidas el 70 por ciento de la conversa se va en los problemas de salud que cada uno acarrea, las obras sociales, los médicos conocidos que se nos han muerto sin poder matarnos, etc. y quien tiene en el lugar donde le toca atenderse mejor aparatología, y así vamos tirando al ruedo: scanners, ecografías, ecodopplers, etcéteras y ya vendrá seguro el momento de quien habita el geriátrico mas cool.
Como siempre me fui al carajo, la falta de pastillas y la pega del moscato más la caña Legui me hacen recordar los limbos en las madrugadas del “domerca”, aguantando el frio con concentraciones de Ferroquina y caña La Mariposa con miel, a la intemperie y alrededor del tambor donde se quemaba algún cosechero -aclaro que es un cajón de tomates, no el señor que los recoge- y se asaban batatas a las brasas, lejos de las pretensiones culturales actuales, de los silenciosos paseos por el Bellas Artes, o de los vernissages del Malba, o de las inauguraciones galeriles con Finca La Anita (el mejor semillón argentino), de la lectura sabatina del Ñ y de Babelia, etc. Asumo que el progreso es eso, estar un poco más cómodo ahora para recordar con melancolía el incómodo pasado. Basta, ya pido el turno para que el médico complaciente ese me dé la receta de las pastillas que me niega el boticario...
Alejandro

17 mayo 2007


TESTIMONIAL.
“Sale el sol, ¡Zas!
Y alumbra a la flor y al perejil...”
Julián Centeya (de su poema “Hermanito”)


Hace largo tiempo que no visitaba este espacio (¿?) don Centeya con su poesía cuasi filosófica. Algo tan sencillo, podría haber dicho don Amletto simplemente: “el sol sale para todos”, igual que los viejos carritos lecheros, con la frase fileteada, descascarada y sucia por el barro y la mierda del yobaca. Pero no, el tío te demuestra que la luz que descompone los colores cuando pasa por el prisma, también valora -que no valoriza-. Pero no es el sol que aunque no lo veamos “siemprestaaa...” como canta la Sandra, es ese otro sol interior, el de la razón, por que además si había un sol que el bardo no veía era el de la mañana, justo él que salía sólo a la noche como los vampiros, con su caripela entalcada. El verso termina así: “lo mismo calienta al rana / lo mismo calienta al gil”... No sólo era poeta, además era un adelantado. Pero ahora en esta época de valores “raros”, “vacíos” (Lipovetsky dixit) y aclaro que si hay alguien que no sea moralista ese soy yo -bueh, es lo que dicen todos los moralistas- (y M. y A. estarán de acuerdo con los que me tilden de tal -de moralista y de represor ya que está-).
Pero es que buscando-leyendo-mirando y no lejos entre lo que nos rodea, no hay luz del astro rey ni reflector con halógena que nos permita diferenciar entre algo valedero, importante, (apenas una florcita) y la amplia gama de descerebrados que inundan los medios, llámense “Bailando”,”Gran Hermano”, etc. Casi todo esto empezó con aquella frase, frase desgraciada de... ”todo es cultura”... y no jodamos, que todo no es cultura. Por que cultural es entender el eructo del tuaregh en el desierto, pero no el pedo de un imbécil en cámara. Pero lo peor es el fisgón morboso y su búsqueda de identificación con la caterva (almácigo de perejiles). La modernidad, la pos-modernidad, o Zygmunt Bauman con sus vacíos líquidos que se acomodan al vaso que le pongan. Y no es que antes fuera todo mejor (como aseguran que decimos los jovatos) porque antes todo fuera claro, etiquetado y te lo “tragabas” como papilla, no, antes todo era discutible, hasta los sapos tragados y si hay algo que no pueden discutir es el tamaño de los sapos tragados por mi generación. Ahora falta eso, la discusión, sobre todo la que arroje luz y diferencie la flor del perejil. No hay metáfora, la carne además de cara, muy sobre el mostrador, y desangrada como en corte kosher. Vamos a tener que hacer un parate, y no solo con la “cultura de masas”, también en la “alta” porque si en el Radar; suplemento cultural (¿?) de este domingo, el gurú Fresan te dice como lee dos o tres párrafos por noche de un libro (¿?) al que asimila al I.ching o a la Biblia, libro que sólo confirma la imbecibilidad del autor (y no es mella para su obra importante) y que sólo sirve para hacer desconfiar del “espiado” que quizás es lo que busco el autor, pero que sirve a algunos en estos tiempos para desgastar ciertos hitos. Creo que Piñeyra en la despedida de Gombro de Buenos Aires quiso decir otra cosa con “maten a Borges” era apenas un filicidio literario necesario... También, Pauls, con su nota con explicaciones para estudiantes primarios con cosas archisabidas y elementales como la identidad de Bustos Domecq. O Chitarroni sobrio, pero por que metido en ese tema? Villoro promesa meshica, tratando vanamente de hablar de Bioy como de una segunda mano, “la otra mano”, lo único que pienso es en la mano boba esa que no era la diestra y que usábamos para cuando nos masturbábamos sentir una sensación "a otra persona", (¿sería eso lo que quiso hacer Bioy?). El resto olvidable. Pero además por qué creerle a Bioy cuando ya leímos y escuchamos en reportajes televisivos y escritos sobre sus amores con Helena Garro, la mujer de Paz, y confrontamos con los escritos de ella o en sus charlas y reportajes tratándolo como a un pelele bocón, y mal amante. Ya hace pocos años fuimos defraudados por ese otro libraco “Descanso de caminantes”... Concuerdan algunos de los escribas de Radar, en ubicar a Bioy como un discípulo del ciego, dicen casi un “Alcibiades”, pero prefiero recordar de las obras del troesma cuando haciendo una recopilación de “Mathematics and the imagination” habla del “... silogismo dilemático o bicornuto.” Y dice de este último: "con él jugaron los griegos (Demócrito jura que los abderitanos son mentirosos, pero Demócrito es abderitano...” (J.L. Borges, Discusión. Obras Completas, Buenos Aires Emece, 1974).
No sé, me cuesta entender, y justificaría la nota de Radar si el nuevo dueño de Pag, el ex chofer de K, les pagara por palabra. O si en los dos libracos últimos de Bioy mencionados se me “aclarara (claramente)” que no es un curro de D. Martino.
Sigo con la cultura, me sigo asombrando, leyendo ahora en un reportaje de M. Soto en Ambito a uno de los escritores jóvenes españoles recientemente premiado con el “Xeis Barral”, decir después de declararse admirador de J. L. Borges a quien además como homenaje lo hizo personaje de una de sus novelas, su deleite con el libro de Bioy. Y agregar que le encantó "sorprender in fraganti al autor de 'El Aleph', profiriendo solemnes tonterías entreveradas con chispazos de genialidad, en una tan heteróclita mezcolanza que no hace mas que confirmarnos su humanísima grandeza”. Cierro comillas y caigo aletargado... La tontería es solemne y de la genialidad sólo chispazos, gracias, ahora entendí. Y sobre la humanísima grandeza, sólo me queda pensar en mi equivocado sentido de la grandeza del humanismo, etc. Pero de los ejemplos se me hace que todos estos escritores jóvenes con títulos y premios sólo buscan desesperadamente el igualarse con el genio aunque sólo sea en el cotilleo, la burla o el desprecio íntimo hacia el prójimo. Por suerte y ya al “cierre de esta edición “, me reencuentro con la crítica de Rafael Reig en España, (guardada hace meses), quien harto del libraco, en el que había leído dos mil veces las palabras “come Borges en casa”, dice: “Que Bioy eligiera, demasiado a menudo en este mamotreto, la trivialidad, no incurre en ilícito penal. Allá él. Que la editorial y el sedicente editor respeten esa decisión con devota religiosidad de papanatas, en cambio, sí que tiene delito. Como dice Borges, (según Bioy) ”No hay que ser tan pesimista como para afirmar que ese libro es bueno”. Bravo por el yoyega -aunque sea catalán- ¿Será toda esta campaña de “alto vuelo”, para vender un libro que no caminó de movida, ahora con merchandasing de lujo, y no un simple “compre ya”
Ahora sólo sé que el almácigo de perejiles se hizo plantación y difícil ya encontrar una flor, como en los setenta balcones. Pero dejo a los padres fundantes e intento saber algo sobre la contemporaneidad-ya de nuestra cultura y por eso trato de leer todo el tiempo que tengo libre y en el tiempo que sea, hasta los quinchos de Ambito leo, y me encuentro con una crónica de una reunión-cultural de famosos, casi un hipotético Gran Hermano Premium (y no me roben la idea), en la que se comenta (en su presencia), que - ex directora de la secretaría de Cultura de la Nación, ex funcionaria de Cancillería, ex directora del Centro Recoleta, galerista -“por una perversidad, se pinchó en partes pudendas, con las púas de una obra de arte africana esas con notorias dotes masculinas expresadas en ebano”... -yo por verguenza omito el nombre porque ya son legión los que me tratan de malidicente con M. y A. a la cabeza y sólo presento su curriculum... (el diario no: la nómina pero sin echarla)-. ¿Pero esta es la gente que maneja o alimenta nuestra cultura? Por mi, podría haber usado una escultura de mayor tamaño o algún mármol de Iommi para dar así apoyo a la cultura nacional, pero el ventilar sus perversiones púbicas, públicamente...
Leía también que un país como Inglaterra tiene un secretario de “Cultura, Medios y Deportes” y pensé pobres los ingleses como deben estar de perdidos sin un Nun, ni un Barbaro, sin un Morresi (pido perdón a este último por no recordarlo, posiblemente por haber jugado en River con el Bambino), este último dato lo tuve que buscar en internet y también busqué en el diccionario para no pifiarla que eran las partes pudendas: “Región externa del cuerpo correspondiente a los órganos de la generación”, “partes nobles”... Me quedo más tranquilo, nuestros funcionarios mas “de detalle” que los ingleses y nuestros ex funcionarios aunque se pinchen con bultosos ídolos africanos también tienen partes nobles... y plagiando a Fresán en el Pag de hoy, dejo esto: "... ahora es de noche y camino entre las estatuas de dioses caídos y rotos...” cansado de las lecturas, me tomo la pastilla y me voy a dormir rascándome las partes nobles...
Alejandro

13 mayo 2007


TESTIMONIAL
DE CENAS, ENCUENTROS, CAFE, Y PUTERIOS VARIOS
O COMO DIRIA HENRY, (MILLER NO MORE)
“VIAJANDO POR LA AUTOPISTA DEL SEXO”
Fin de semana con visita. Estuvo el turco de mardel. Comimos en el peruano del rioba, es nuevo y está recomendado por “expertos”, siempre lleno,”limpito”-diría el cotur- público B1, buena cocina, decoración entre naif y kistch por los murales, santitos, etc. Desde las mesas podés ver los dos restaurantes de la vereda de enfrente vacíos, con los mozos y dueños mirando al invasor foráneo con envidia, uno de mala comida española, y el otro el elefantiásico galpón que acompaña al pasaje del Barolo, frío, desteñido e inmóvil como un nonato. Eso sí, acá en Chan-chan todo es lento, el cebiche, tan rico y tan aromatizado por el limón verde y la olorosa cebolla roja tardó más de media hora. Pero había mucho para hablar, era el reencuentro (casi cinco meses con peleas incluídas), que hicieron que al llegar el primer plato ya hubieran pasado la primera botella y el pisco pateador... Después llego A. con el novio y un amigo, no hubo posibilidad de agrandar la mesa, ya no cabía un alfiler en el lugar. No comieron, molestaron en el paso y se fueron a dos cuadras. A. agradecida de no tener que comer “esas comidas raras”, fueron al “Fosforito”, una fonda a la antigua, barato y buen morfi -pero no esa noche-. Después fuimos a buscarlos y todos juntos, (ellos puteando) a tomar un café, en una esquina de la Avenida de Mayo, un remozado pero viejo café de putas, también lleno (pero de putas, lógico).
Muchas veces hablamos con Lito Cruz sobre ese lugar al que él va habitualmente y de los personajes que se ven. Y ahí se terminaron todos los temas que habíamos tocado en las cuadras de caminata, sobre todo los de la cultura que guardábamos para otro día sin tanto aliento a cebolla: sólo cotilleo sobre el viaje del turco a N. York, el faltazo esta noche del otro turco “el escriba” (pero con aviso y saludo), la situación del país K, el trabajo, la última temporada de verano en el paisito... Pero ahora estábamos rodeados por las putas. Pero putas a la antigua. Ni coperas de cabaret, ni esas “discretas” de modales medio finolis tipo barrio norte -algunas con pintas de secretarias de empresa con desenfado u otras casi geishas- y mucho menos parecidas a las proletarias y ahora agremiadas trotacalles competidoras derrotadas por los trabas archiproducidos de esta “era del vacío” como dice Lipovetsky. Pero no, estaban las putas “serias”, las de café, históricas. Pero además como en toda oferta de mercadería: la invasión de haitianas, dominicanas y jamaiquinas. Pero en el “terreno” existía una línea nada delgada que las separaba, de un lado las regordetas, potentes, invasoras y desafiantes etairas centroamericanas que desde hace unos años asolan el barrio, aunque las de esta noche de un tipo más “sofisticado”, con trencitas, teñidas de rubio o platinados, que hacían resaltar más sus rasgos negroides, con cuerpos de rara proporción por las tetas pequeñas y los tremendos y adiposos culos casi como en la famosa escultura de la Venus de Willenford de hace casi 30000 años antes de Cristo. Hasta hace unos meses muchas de ellas todavía con el pelo renegrido, motoso, o con rastas y enfundadas con jeans, pateaban vereda, ahora en versión Botero de la Harlow y con ropas pretenciosas de boutique de barrio, mucho brillo, mucho laminado, polleras largas con tajos, apretadas y que hacían resaltar más -cosa que parecía imposible- el poderoso trasero.
Del otro lado de la línea, y con mirada torva, nuestras putas vernáculas, que pintaban a tías viejas en la confrontación. Una -la más jovata- parecía escapada de un afiche de Tolousse, (por la nariz que portaba aunque mas parecida a Valentin -el deshuesado- que a la Goulue) denotaba la edad por el guisqui que tomaba (un berreta Blender nacional), casi uno detrás de otro y que pagaron dos ochentones que se la llevaron agarrada a cada uno de sus brazos, no se sabía si por pasión o por equilibrio. En cambio las foráneas le daban al tres cuartos tinto. La presencia tan pregnante del yirage fue ya nuestro único tema hasta volver a “las casas”, pero es que es un tema que siempre atrae, además como dice el negro, “las putas me dan ternura...”.
Y me viene a la memoria cuando hace unos años estuvimos comiendo y chupando con la “banda de los franceses” -que se habían puesto de acuerdo para volver en patota y exponer acá-. Algunos de los que estaban: Mazza, Plate, Bali, Gurffein. Todos hacían muestras individuales en distintas galerías casi a la vez... Noches seguidas de festejos y brindis. El turco Gurffein, en Praxis, había inaugurado esa noche presentado por el negro (lógico Santana, el de la ternura con las putas) y después todos a cenar... el lugar fue Filo en el bajo donde nos esperaba Gianni, el dueño histórico, amigo también de todos ellos y que había preparado especialmente la mesa para los pintores, los amigos, las parejas, los amantes, etc. El anfitrión con su look desenfadado - fronterizo les presentó a los viajeros a su nuevo socio, Giovanni Ventura, responsable de ataques neo-facistas en Italia. El problema-discusión-quilombo, como siempre fue la política, pero no la del nivel local, donde todavía “reinaba” el otro turco, sino la del gran nivel, el avance de los fachos en Francia y el desmantelamiento de la casa Argentina, Italia y en retro las Brigadas Rosas, la voladura de la estación de Milán por Giovanni y sus grupos terroristas de derecha, (ordine-nero) y su “huida” para estos pagos, donde además financiaba una editorial de literatura nazi-facista como nos comenta en su página Jorge Shusheim... y ahí el desmadre. La cena casi terminó en pelea campal, donde hubo que separar a los comensales y huir. Con el “negro”, nos fuimos caminando por Córdoba, entrando en cada uno de los bares abiertos de la avenida a dos guisquies por barra y un meo por baño. Al llegar a Esmeralda, recorrido de cuatro cuadras en una hora, nos sentamos, pedimos los dos tragos y mientras el dire iba al ñoba observé el ambiente, casi veinte mesas con veinte putas, una por mesa, todas fumando y tomando, cada tanto aparecía un coche lentamente por la avenida, doblaba la esquina, tocaba bocina y alguna mina levantaba campamento y salía-subía. Cuando volvió Raúl, le comenté, con la pastosa que me hacía estragos -en un perfecto disléxico básico-, que nos encontrábamos en un ”puterío”, él tomó un trago, buscó cigarrillos, ya no tenía, llamó al mozo, que le indicó que ahí no se vendían, entonces una de las chicas (cincuenta y pico largos y sufridos) le ofreció cigarrillo y fuego. El negro, agradecido, prendió el pucho, se subió a su silla y dijo con su voz ronca, potente, aguardentosa (acá no importa la bebida) “A mis compañeras... Las Putas” y durante más de media hora –tiernamente- les recitó poemas suyos y prestados sobre la vieja profesión, algunos en francés. Resultado: caían a la mesa cigarrillos, guisquies, aplausos, luego armamos una larga mesa que por momentos se vaciaba, pero que seguía recibiendo cada tanto a las trotacalles que volvían y a las que se les presentaba al bardo desconocido que recitaba y chupaba sin descanso. Una gran noche. Yo me separé de él en la 9 de Julio y él siguió caminando por Córdoba hacia su casa de Belgrano...
También ahora recuerdo a las del “pueblo”, mardel, que como toda ciudad pesquera, puerto y alrededores está lleno de boliches con coperas-giros, tugurios con nombres tan sugestivos como “Las Brujas” (el primero), o alguno famoso por sus personajes (pesadísimos) como el de “Pepita la Pistolera “la del “caso Cabezas”. Boliches donde después de tres meses de embarque sin tocar puertos, caían de paso los pescadores antes de llegar a la “casa-hogar” y se enganchaban a su puta, a veces por más de un día, dejando hasta la mitad de las ganancias del viaje. Cuenta la leyenda (que no es tan leyenda) que en los barcos japoneses o coreanos se llevaba una chancha para el “sexo higiénico” de los tripulantes, chancha que se comía antes del desembarco como en un rito y entre sollozos, igual que los chicos que se niegan a comer a “Tambor”, el día que la bruja de la madre se los trae “a la cazadora”. Vivos los rusos en cambio viajaban con sus propias putas, que además trabajaban a veces en sus barcos-factorías, envasando pescado durante el día y facturando polvos en la noche.
Pero dejemos al mar porque yo soy de tierra, como dice el horóscopo de Clarín, y no sé como catzo llegué a este desmadre, aunque seguro que husmeando sin tratar de meterme en esas farragosas encuestas psico o sociológicas sobre la prostitución y cual es su porque y hasta donde asciende la culpa del cliente, que muchas veces como explica la frase guarra de mi amigo Duarte “la gran diferencia entre sexo por dinero y sexo porque sí, es que el sexo por dinero siempre cuesta menos”.
Y termino, (no digo acabo para no dar pasto a las fieras al acecho), con un diálogo -afanado seguro que a algún español antiguo- entre dos putas, una joven y una vieja: la puta novata dice:
- Ese joven era tan buen mozo que me lo hubiera cogido gratis.
Y le responde la vieja:
- Cariño, no te engañes que él no te pagó para que te acostaras con él. El te pagó para que te fueras no bien hubiera terminado...
Dejo acá sin contar las historias del Bajo, algunas soslayadas en tangente y las de putas de un gran queco, allá por los '70 y pico en camino Negro y camino Gral Belgrano cuando este humilde servidor curraba en la caja de una pizzería mal ubicada y de corta vida. Pero esas son otras historias aunque decirlo así sea un simplismo más de todo esto...
Alejandro

06 mayo 2007


TESTIMONIAL
“El que inventó la rueda era uno que no quería caminar”, Inodoro Pereyra - Fontanarrosa
LA VIDA. LA PEREZA. LA MOLICIE.
EL YERNO DE MARX. Y EL DE LACAN.


Días de sentimientos encontrados. Me dolió la muerte de Rostropovich, busqué las seis suites para cello en la pila de los clásicos, pero después lo aparté porque no “estaba” para esa música. Tampoco los libros me atraen mucho, todo lo último leído fue bastante malo -posiblemente como dice el guarro del Bukowski en su “El capitán salió a comer...”: “cuando has leído una cierta cantidad de literatura decente, simplemente no hay más. Tenemos que escribirla nosotros”, bueno, pero escribir no es lo mío salvo esto (¿?) por lo que seguiré buscando- por ahora leer sólo notas de diarios y releer alguna cosa que busco para ver si es como la recordaba.
Hasta hace algunos años, visitaba la Feria del Libro en el primer día o el segundo, (a veces venía desde afuera sólo por eso), coincidía con mi cumpleaños del que por un lado escapaba y por otro me regalaba algo en soledad, siempre del stand de Documenta. Ahora hace ya tres o cuatro años que no voy, cuando sé de algo que puede interesarme, le pido a A. que me lo compre, cosa de no moverme hasta las librerías. Juro que no es por depresión pero cada vez salgo menos y tampoco me muevo mucho. Después de todo es mi realidad y hago con ella lo que me gusta como en el cuento del gatito o como W. Smith, el personaje del “l984 “ de Orwell, que dice al final de la novela “cinco” y muestra cuatro dedos con la mano, para deleite de Lacan, y de su yerno el Millet.
Pero volvamos a lo mio... hace años que pienso en una vejez (o un poco antes del derrumbe), en una silla de ruedas. Años que alucino con la silla, durante mucho tiempo tuve un modelo que fue mi preferido, nada utópico, la conocía y era versión “Premium”, era eléctrica y se manejaba con sólo mover un pequeño comando con la mano derecha. La descubrí cuando la veía todos los días transportando a un inválido “feliz propietario” al que yo llegué a odiar (y no era envidia sana), llegué a reconocer el sonido de su batería entre los ruidos de los coches y bocinas a casi 30 metros sin dar todavía la vuelta a la cuadra para encarar la peatonal (en Mar Del Plata) y pasar ante mí, que inmóvil y deseante, la miraba avanzar y deslizarse con su sonido continuo o con algún corte y freno para no llevarse puesto a los infelices andantes, antes de perderse entre ellos y yo triste, (caminando) entraba al negocio a esperar su paso al día siguiente.
Sé que si alguien lee esto le puede parecer una copia de “El cochecito”, de Marco Ferreri (aquel también de “La gran comilona”) película sobre un libro de Azcona, una película magnífica, sobre la desolación en la vejez, etc. La vi allá por los ‘60, nunca más, pero recuerdo que era la desventura -en clave de comedia negra- de un pobre anciano (pobre económicamente y por la familia con la que vivía), que aspiraba a tener “su motorizado”, para alardear ante sus amigos, todos viejos como él, todos con problemas físicos pero de distintas causas, todos inválidos y en sillas de ruedas o carritos, sólo él, de todo el grupejo caminaba sin dificultades ni apoyos. Ante la negativa de su odiosa familia a su deseo, vende todas sus propiedades (pocas y no justamente inmobiliarias), y se hace dueño de su “cochecito” que pasa ahora a ser el más envidiado ya que el suyo es muy especial, de última generación pero “a lo gallego”, hasta tiene un sidecar donde lleva a pasear a algún acompañante. Después de años me siento “conmovido”, viendo que en la época en que me marcaba para toda la vida esa película, a Lacan -y así lo decía en sus seminarios- sólo lo había movido como para usar analíticamente “Nunca en domingo”, de Dassin, que solo podía tener esa cosa del duelo de fin de semana y algunos minutos de un simbolismo toraba.
Pero como dije lo del cochecito no es mi caso, lo mío es algo que tiene que ver con aspectos de la comodidad, la indolencia o la molicie y no digo pereza por que se me aparece el fantasma de Santo Tomás ilustrándome sobre el fuego eterno. Lo mío es mas parecido a lo que el bastante desconocido yerno de Marx (¡pobre muchacho!), escribió para rabieta de su suegro, quien había arrojado ya al mundo sus mamotretos sobre el trabajo, tanto el “enajenado” como el “liberado”. El yernito: Lafargue se mandó con el “Derecho a la pereza” (el no ser católico lo eximía de las maldiciones de Tomás), un escrito sobre la meta de lo que debía ser el único premio a conseguir por la clase obrera: no más de tres horas de trabajo y después el ocio, los vicios y mucho descanso.
Pero volvamos a mis desvelos por hacer menos pesadas las cargas de esta vida, y llegar a eliminar esos “roces” como son el angustiante desplazarse, que como al péndulo fuera de la campana de vacío, hacen que en algún momento se pare en un justo (¿?) medio. Además sería lógico que renunciar a la movilidad voluntariamente tuviera su premio celestial, porque sí renunciar a la palabra lo tiene, sino ver el ejemplo de los monjes de clausura. O que se lo pregunten a U. Eco, y sus monjes semióticos. Para mi la silla es como un premio, dado por mí mismo y sin apoyo celeste, aunque en algún momento pensé en soluciones alternativas (pensé en patines -pero no era lo mío y sería mas gimnástico y agotador que el caminar-) después hasta llegar al “gran premio” sólo se me ocurría el bastón, (la tercer pierna de la paradoja), busqué por algunas tiendas de nuestro “rastro vernáculo” pero siempre algún detalle me los hacía rechazar y sólo quedaba al final alguno con remate de bola de marfil o ámbar, o con empuñadura que los hacían parecer bastón de estoque, y francamente ninguno coordinaba con mi forma de vestir “cashual”, como me dice un conocido modisto-diseñador, que mira con desesperación mi look en alguna muestra donde nos hemos encontrado. Pero con mi carrito no existiría ese problema, cashual, elegante sport, o noche, mis ropas se adaptarían a sus magníficos cromados, gomas negras rayadas y la elegante batería de purísimas formas geométricas que ostenta en la bandeja inferior y que la hace ser la BMW de las sillas. Digo esa marca porque creo que es lo más en automóviles, aclarando que tampoco nunca pude manejar ni me interesó y tampoco llegué a distinguir un Ford de un Chevrolet. Vanos fueron los intentos de diferentes especialistas de las afamadas -creo que hoy extinguidas- Academias Oscar, en lograr que condujera y siempre venció mi falta de coordinación, distracción o simplemente negación, que me hicieron llegar al final de las casi veinte lecciones sin que pudiera ni hacer arrancar el coche. Hoy en día aprendí que esa negación de debe a algún problema cerebral, ya que algunas personas no coordinamos movimientos entre piernas, manos y cerebro, (gracias Oliver Sacks) Tampoco quiero decir que sea espástico total pero eso ya es un problema para investigadores como Chomski, que aparte de su pensamiento político radical (ojo, no alfonsinista), estudió y escribió como lingüista y neurólogo sobre la capacidad limitada del cerebro.
El control de la sillita, sólo eran tres botones y una manivela de giro, un sueño de simpleza. Y bueno, es un sueño, es un deseo, es algo que deseo... por algo el YERNO, (por que si hay alguien que sea yerno es El) digo, el yerno de Lacan, más conocido en Francia como “Diván el Terrible” dice en sus cartas para la “opinión ilustrada” ...”La paradoja lacaniana expresa la esencia misma del freudismo en su salubridad. La manera de obrar del inconsciente les prohíbe en efecto, invocar su buena fe, su buena intención, su alma bella. “No quise esto” no vale la absolución. Sí, lo que hiciste, o lo que resulta de lo que hiciste, lo quisiste, porque lo que quisiste no lo sabes. Te lo enseñan las consecuencias. El hombre está condenado a no saber más que a posteriori lo que quiso...” Bueno y como decía antes en el el six degrees, a este yerno (Jacques Alain Miller) lo conocí hace años gracias al Negro Santana, director del Museo de Arte Moderno y que “Diván...” había alquilado (al museo, no al Negro) para una cena y discurso con nuestros aborígenes lacanianos, el libro donde escribe esta especie de trabalenguas entre el quisiste e hiciste, está traducido por Graciela Speranza, aquella de mis desventuras con Duchamp-Kuitca. Y a Oliver Sacks de vista cuando vino para la puesta de Peter Brook, “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero”, libro que me debe A. o algún ex novio de ella.
Para terminar al yerno de Marx juro que no lo conocí...
Pero la silla.....
Alejandro

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